¿Quién es Stimply?

Dataland es un pequeño planeta. Se encuentra en una dimensión diferente y se compone en un 80% de datos. Sus habitantes son Databots, pequeños robots que clasifican y analizan los datos.

En Dataland los datos son el principal recurso natural, por ello el 97% de la población trabaja en la minería de datos. Una vez que los datos se extraen de las minas, los databots utilizan los conversores para crear sus materiales de energía, alimentos y construcción. Los habitantes de Dataland consideran los datos como un material sagrado.

El pequeño Stimply...

Stimply nació el Dataland. Su padre, un eminente científico, fue reconocido por su trabajo en el procesamiento de información de datos. Su madre, a su vez, era conocida por ser la única Databot femenina que trabaja como piloto de avión no tripulado. Una profesión rara y de alto riesgo en Dataland.

Desde su nacimiento, los padres de Stimply saben que él es más inteligente que otros robots de su edad. A los 18 meses ya era capaz de colocar sus juguetes en orden alfabético y a los cuatro años hablaba con fluidez tres idiomas: Databot, Wunzais y Igouyt. Cuando tenía 10 años, los médicos estimaron que el coeficiente intelectual de Stimply era de 790, lo que le convirtió en uno de los robots más inteligentes de su planeta. Sus padres estaban muy orgullosos de él y sabían que Stimply tenía un futuro prometedor.

La vida es complicada

Stimply no olvidará jamás su onceavo cumpleaños, ese día sus padres no volvieron a casa. El Databot policía le contó que sus padres habían tenido un accidente en el espacio y entonces comprendió que no los volvería a ver nunca más.

Sin una familia que se hiciese cargo de él, Stimply fue enviado a un orfanato, un lugar triste donde están prohibidos los libros. Los comienzos son duros y él parecía no encajar con el resto de sus compañeros. Aquí empieza a entrenarse para convertirse en recolector de datos, bajo la mirada y las bromas del resto de jóvenes robots que amenazan diariamente a Stimply. Tras varios meses Stimply todavía no tiene ningún amigo, así que cuando no es víctima de las bromas y travesuras del resto de robots, sin ningún libro que poder leer, se aburría por completo... hasta que por fin encuentra una nueva ocupación.

Por las noches, en secreto, comienza a desmontar y reparar los aparatos eléctricos estropeados que hay en el orfanato. Stimply pasa momentos muy agradables con esta actividad y descubre que le encanta entender el mecanismo de los aparatos y poder repararlos. Pero esto no es suficiente para hacerle olvidar los malos ratos que ha pasado y lo difícil que es para él hacer amigos.

Hay esperanza

Un buen día, mientras reparaba una máquina de válvulas, Stimply encuentra un extraño objeto escondido en una esquina de la caseta. Se trataba de una pequeña caja rectangular con tres LEDs rojos y un pequeño botón en el lateral. Aquel objeto no se parecía a nada de lo que Stimply había visto anteriormente, así que el joven robot decidió apretar el botón para descubrir su utilidad, eso sí, sin resultados. En ese momento Stimply decide que quiere descubrir para que sirve aquel objeto cuanto antes.

Para ello pensó que una buena opción era abrir la caja y estudiar el mecanismo durante horas. Poco a poco comenzó a hacer pequeños cambios que le llevaron a entender por qué razón no estaba funcionando. Tras varias modificaciones estaba listo: “Debería funcionar ahora”, se dijo a sí mismo antes de pulsar el botón lateral de nuevo.

¡BOOOOMMMMM! En el orfanato comenzó a sonar un ruido ensordecedor y había halos de luz blanca por toda la habitación que hacían que la sombra de Stimply se proyectara en las paredes. Stimply entró en pánico y trató de recuperar el extraño objeto que había generado toda aquella situación, cuando de repente levantó su mirada del suelo y se encontró frente a él a un robot al que no había visto nunca antes y que lo miraba fijamente.

-”¡Hola Stimply!”, dijo el robot.
-”¿Quién eres?”, contestó Stimply desconcertado.
-”Soy el Maestro de los Datos”, el corazón electrónico de Stimply se paró por un segundo.
-”¿El Maestro de los Datos? Eso es una leyenda”, replicó Stimply.

La leyenda

De hecho, el Maestro de los Datos era una leyenda muy famosa en Dataland. Decía que había un solo robot que era capaz de viajar entre los mundos y que una vez cada 100 años regresaba a Dataland para elegir un aprendiz, un estudiante al que le transmitiría todo su conocimiento. Este alumno, es conocido como “El Elegido”.

-”Asi que...¿es cierto lo que dicen?”, agregó Stimply.
“Esto significa que yo soy El Elegido?”.
El Maestro de Datos se quedó en silencio y agarró la mano de Stimply.
-”Ven conmigo si quieres, la elección es tuya Stimply”:
El joven robot no tuvo que pensar mucho su respuesta y agarró de la mano al Maestro. Ambos desaparecieron tras un destello de luz blanca.

Stimply vuela por el aire, vuela junto al Maestro de los Datos en un mundo de símbolos, números y letras de todo tipo cuando de repente todo se detiene y aparece sentado en una silla en una habitación vacía, delante de el Maestro de los Datos.

-“¡Presta atención! Voy a contarte una historia que muy pocos robots saben. Los datos que componen nuestro planeta provienen de otro mundo llamado Internet. Es un universo digital utilizado por ser vivos llamados Humanos que habitan en el planeta Tierra. Estos datos son muy útiles para vivir, producir materiales y construir nuestra civilización, pero también son pedazos de información sobre los seres humanos y por ello tenemos acceso a una sabiduría inconmensurable sobre el universo, Internet y la Tierra.

Cada 100 años elijo a un robot especial para llevar este tema. Hoy, tú eres el elegido, el que ha conseguido reparar este objeto que los humanos llaman módem y que es su puerta de acceso a Internet”.

-”¡Vamos a Internet ahora mismo!”, replicó Stimply que soñaba con descubir este nuevo mundo.

-”Paciencia joven”, respondió el Maestro de los datos. “Todavía no eres lo suficientemente potente como para poder sobrevivir a este viaje. Pero si estás de acuerdo te voy a entrenar para que pronto seas capaz de viajar a este mundo como mejor te parezca”.

-”Estoy de acuerdo”, respondió Stimply. “Estoy de acuerdo”.

-”Bien, ahora necesitas descansar, empezamos mañana”...

El entrenamiento

La mañana siguiente comenzó con el entrenamiento de Stimply, actividad que se prolongó durante tres años en los que el Maestro de los Datos entrenó a Stimply física y mentalmente para poder soportar la enorme cantidad de datos a la que iba a tener que enfrentarse.

Después de poco más de 1000 días de formación intensiva, Stimply estaba listo.

Súper Stimply

Ahora Stimply es capaz de moverse a velocidades increíbles en la web y obtener miles de millones de datos en su camino. Además sabe como traducir esos da en información y sabe todo sobre el mundo de los humanos e Internet.


Última actualización: 27/03/2017 a las 04:23. Todos los precios son actualizados diariamente.